Un informe de Anthropic publicado este mes midió, por primera vez, lo que la IA ya está haciendo con los empleos usando datos reales de uso profesional. El resultado desafía el relato de los despidos masivos: no hay una oleada de desempleo, pero los jóvenes están dejando de ser contratados en los trabajos donde la IA más avanza. Es un cambio silencioso, pero puede ser más duradero.
El debate sobre la inteligencia artificial y el empleo tiende a organizarse en torno a una imagen dramática: robots (o algoritmos) vaciando oficinas, dejando a miles de personas sin trabajo de un día para el otro. Es una imagen que vende titulares, pero que hasta ahora no se condice con los datos. En marzo de 2026, Anthropic publicó el análisis más detallado que se haya hecho sobre esta pregunta usando evidencia real (Labor market impacts of AI: A new measure and early evidence), y el resultado es a la vez más tranquilizador y más perturbador de lo esperado.
Qué midió Anthropic
La mayoría de los estudios sobre IA y empleo usan la misma metodología: analistas evalúan qué tareas puede hacer la IA en teoría y luego estiman qué porcentaje de cada trabajo queda “expuesto”. El problema es que la capacidad teórica y el uso real son cosas muy distintas.
Lo que hizo Anthropic fue diferente. Cruzó la capacidad teórica de su modelo Claude con datos reales de cómo los profesionales lo usan en su trabajo cotidiano. El resultado es lo que llamaron “exposición observada”: no lo que la IA podría hacer, sino lo que ya está haciendo.
La brecha entre ambas dimensiones es enorme. En computación y matemáticas, la exposición teórica llega al 94%, pero la real es del 33%. En oficina y administración, el potencial teórico ronda el 90%, pero el uso real es todavía una fracción de eso. Esa brecha no es una buena noticia permanente: los investigadores advierten que se irá cerrando conforme la adopción avance. Pero sí indica que el impacto real, hoy, es mucho más gradual de lo que los modelos de proyección sugieren.
La puerta que se cierra antes de que llegues
Aquí viene el hallazgo más relevante del informe, y el que tiene consecuencias más profundas para la región. Desde el lanzamiento de ChatGPT a fines de 2022, no se registró una ola de despidos masivos en las áreas más expuestas. Los trabajadores que ya tenían esos empleos, en su gran mayoría, los siguen teniendo.
Lo que sí cambió es la contratación de nuevos trabajadores. La tasa de ingreso de jóvenes de entre 22 y 25 años a ocupaciones con alta exposición a la IA cayó un 14% respecto a 2022. No los están echando. Simplemente no los están llamando. Las empresas siguen produciendo, siguen atendiendo clientes, siguen procesando datos, pero con menos empleados nuevos porque parte de esas funciones las absorbe la IA.
Es un cambio silencioso. No genera noticias, no provoca marchas, no tiene un culpable visible. Pero sus efectos a mediano plazo pueden ser más persistentes que una oleada de despidos: cierra el acceso al mercado laboral formal para una generación entera en el momento en que históricamente se forja la trayectoria profesional.
Qué está pasando en el Río de la Plata
Los datos globales de Anthropic tienen una traducción local concreta. En Uruguay, un estudio previo del BID ya había identificado que más de 600 mil puestos de trabajo tienen algún grado de exposición a la automatización por IA, con impactos desproporcionados sobre mujeres y trabajadores sin educación universitaria completa, especialmente en el interior del país.
En Argentina, el panorama tiene una capa adicional de complejidad: el 78% de las pymes todavía opera con procesos manuales, lo que significa que la adopción de IA en el tejido productivo real es aún baja. Pero esa misma demora puede convertirse en una caída brusca cuando la adopción llegue, en lugar de una transición gradual que permita adaptarse.
El sector de atención al cliente es quizás el ejemplo más claro de cómo avanza esto en la práctica. Salesforce reporta que sus clientes están automatizando el 85% de las consultas de soporte de nivel 1. No cerraron los call centers de un día para el otro, pero los que se fueron siendo reemplazados no fueron reemplazados por otros humanos.
Qué sectores están más expuestos en la región
Con base en los datos disponibles y el patrón identificado por Anthropic, los sectores con mayor exposición real en el corto plazo para Uruguay y Argentina son los servicios financieros y contables (donde la IA ya automatiza conciliaciones, carga de comprobantes y análisis de riesgo básico), el soporte técnico y la atención al cliente (especialmente el nivel 1 de cualquier empresa mediana o grande), y la programación de nivel inicial y las tareas de testing de software.
Los sectores con menor exposición inmediata son los vinculados al trabajo físico en entornos variables (construcción, gastronomía, mantenimiento) y los que requieren juicio contextual complejo en situaciones no estructuradas (medicina de urgencia, trabajo social, docencia en contextos vulnerables).
La pregunta que no está siendo respondida
Lo que el informe de Anthropic deja en el aire, y que debería estar en el centro de cualquier política pública en la región, es cómo se reincorpora al mercado laboral a una generación que quedó fuera de la puerta de entrada. No es un problema de desempleo masivo hoy, sino de exclusión silenciosa mañana.
Por ahora, el debate público en Uruguay y Argentina sigue organizado en torno a la pregunta equivocada: ¿cuántos despidos va a generar la IA? La pregunta que importa, a la luz de los datos de marzo de 2026, es otra: ¿cuántos jóvenes no van a ser contratados, y qué les ofrecemos en su lugar?



